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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINUna de las características que tiene España son sus innumerables bares con terrazas y los cientos de miles de ciudadanos que hacen de estos lugares sus refugios, sobre todo en tiempos de verano y olas de calor. Por eso, pensar que a estos fieles consumidores se les pondrá límites de tiempo en sus momentos parroquianos es algo que aún cuesta creer, pero que se está convirtiendo en una realidad.
Con la llegada de la pandemia del Coronavirus, uno de los sectores más perjudicados fue el de la hostelería. Ver a España sin sus terrazas, cuando entraba la época estival, era una imagen deprimente. Por esta razón, cuando se reactivó la economía y entramos en la "nueva normalidad" el sector hostelero fue de los primeros en abrir y dar la mejor de las bienvenidas a sus fieles clientes.
En ese masivo reencuentro con los bares, la hostelería, en una suerte de recuperación, empezó a implementar más medidas para rentabilizar o sacar mayor provecho al retorno de los clientes al ocio. En este contexto, una de las medidas que se aproxima es que ahora las terrazas serán cronometradas.
En el centro de Barcelona, ciudad líder en turismo internacional de España, hay bares que han comenzado a contar el tiempo que pasamos en las terrazas. Llegando a poner horarios dependiendo de lo que pidamos.
Y no solo vigilan qué consumimos, si no también cuantos comensales somos para comer o beber algo. De esta forma, los hosteleros quieren maximizar sus ingresos en función de sus mesas en la terraza.
Según informan en El Periódico, los bares de la Ciudad Condal han comenzado a establecer horarios para las consumiciones: un refresco o una caña da permiso para 30 minutos en la terraza; si pedimos comida el tiempo aumenta hasta la hora. Pero nunca más.
Y lo mismo con los comensales, hay lugares que no te dejan sentar si vas solo, mínimo aceptan parejas, para así aumentar el rendimiento económico por mesa. Y si el bar está solicitado tampoco puedes ir en pareja, el mínimo aumenta a cuatro comensales por mesa.
De esta forma, los bares se han empezado a convertir en lugares donde tenemos que estar echando monedas para poder pasar un rato agradable con nuestros amigos, y no en sitios donde pagamos por comer y beber tranquilamente, sin tener que estar mirando el reloj cada 15 minutos.
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