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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINLa familia de uno de los mejores restaurantes del mundo, El Celler de Can Roca, siempre sorprende. Y, como todo lo que hacen los tres hermanos (tres estrellas Michelin), crece con imaginación. No podían hacer un hotel boutique tal cual, no. Ni una tienda en torno al cacao, eso tampoco. Han aunado en un mismo edificio, en el centro de Girona, un hotel, una chocolatería, una tienda y un obrador de chocolate. Casa Cacao es un concepto completo y exquisito.
Cuatro años ha estado este proyecto en la cabeza de Anna Payet y Jordi Roca, el genio detrás de los postres de El Celler de Can Roca. Los pájaros nacen con la primavera, después de una corta gestación; por motivos varios, al hotel boutique, ubicado en la plaza Cataluña de Gerona, le tomó cuatro vueltas al sol nacer.
La planta de abajo es un sueño de Jordi Roca, el pequeño de los hermanos, que un día planteó este reto: "¿Podemos hacer chocolate en casa? Y lo hicimos, y estaba bueno. El experimento coincidió con la reincorporación al equipo de Damián Allsop, que había sido mi maestro en el mundo dulce. Ninguno de los dos habíamos elaborado jamás chocolate desde cero".
Lo elaboran a la vista de un público que, curioso, mira a través de la cristalera cómo unas habas se transforman en una delicia que luego podrán adquirir. Porque en esta planta también hay una tienda donde encontrarán transformaciones insólitas de una misma materia prima: "Además de dulce o amargo, el chocolate puede ser ácido o afrutado -asegura Jordi-. Puede incluso tener un color claro aún en su formato de 80% de cacao, si utilizamos una variedad de cacao blanco...".
Y además quince habitaciones, diseñadas por la estupenda interiorista Sandra Tarruella, son la guinda de este plan. En este caso el proyecto soñado es de Anna Payet, casada con Joan, el hermano mayor de la saga, vinculada al ámbito turístico durante 20 años: "Es una prolongación de la hospitalidad y el modo de servir del propio Celler, con lo que cerraremos un círculo".
Además del Celler, cuentan con la Masía en la que desarrollan sus investigaciones culinarias y también cuenta con un espacio para celebrar eventos (básicamente, bodas) que les reporta beneficios. Además de las heladerías en la misma ciudad y en el Liceu de Barcelona, Rocambolesc.
Pero les faltaban habitaciones para hospedar a los comensales que se trasladaban hasta allí para disfrutar de una de las mejores experiencias gastronómicas del mundo. Antes del próximo verano cubrirán este gap con un hotel céntrico en la ciudad.
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